miércoles, 1 de enero de 2020

LA MONJA QUE JAMAS FUE MILICIANA Y LOS MILICIANOS ROJOS CON CORAZÓN EN MALAGA





LA MONJA MILICIANA ROJA
Para salvar del holocausto a sus Hermanos de FE
MALAGA


¡Cuando las mentiras son bellas, debiera prohibirse ahondar en ellas para descubrirlas. Debieran admitirse sin más ni más!.


ABC DE SEVILLA 21-2-1937
Gil Gomez Bajuelo

Me lo contaron el mismo día que pisé Málaga. Una monja se había hecho miliciana roja y había salvado la vida de numerosos religiosos. Pero en seguida me lo negaron rotundamente y dejé al margen la fantasía. Luego vi anunciado en los periodos  gentes que les habían sacado los ojos, y pensé que es difícil superar el arte de Julio Verne. Pero la hazaña de SOR PILAR volvió a correr por los mentideros y ya en boca de personas respetables. Y decidí verla. Pero para que me contara su magnifico ardid, no para que la bella historia se deshiciera en las manos como una pompa de jabón.

Acerté el día, Tan magnifico, tan azul, que de haber visto un sombrero de ala ancha o un clavel en la solapa hubiera creído que por la tarde iba a ser testigo de una corrida abrileña en el Baratillo.

Atravesé la caleta, llena de hoteles calcinados en nombre de la cultura y civilización. Y a conciencia  me perdí en esa deliciosa del limonar , que algún principie Árabe descubrió para regalo de sus favorita.

Entre bellas palmeras, limoneros, granados y magnolios suben los chalets policromados hacia el monte. Por las balaustradas se desbordan las rosas y la purpura del bogambilio. Y enfrente siempre el mas, azul, suave, como un gran cristal esmerilado.

En seguida me encuentro en el recibidor del convento de las carmelitas. Y por Sor Asunción la Madre Superiora, me dice sonriendo:
- No hijo ninguna hermana se hizo miliciana.
-¿ Que ocurrió entonces Madre?
- Ocurrio que desde el día 19 de julio, primer domingo de la revolución, vinieron al convento algunos religiosos y los escondimos, entre ellos uno del seminario y un Padre Paúl.
-Pero a ustedes,  ¿no las echaron de aquí?
- No, porque teníamos 120 niñas pobres, las que manteniamos sin subvención de ninguna clase y acogíamos sin recomendaciones.
- Les obligarían a quitarse los hábitos...
- Tampoco.
- Entonces como fue lo de Sor Pilar?
-Nos enteramos que había en la cárcel numerosos Padres del Seminario. Y yo  pensé que podíamos sacarlos acudiendo al tribunal Popular

para ello nos fue de un gran auxiliar un antiguo acólito del convento,llamado RAFAEL CUELLAR, que es hijo de un carabinero y tienen un hermano también carabinero. Todos los días vestida de seglar, iba una religiosa vestida de seglar a gestionar el rescate. Pero cada día iba una distinta. Teniamos que ir a al Gobierno Civil, al Comité de Investigaciones y al Tribunal Popular, el documento para sacar a los presos de la cárcel tenía que llevar esos tres sellos.Y cuando íbamos a la cárcel nos acompañaba el antiguo acolito, a quien le arreglamos un sombrero de palma con una cinta rojinegra de la F.A.I ¡NO FALLABA EL SOMBRERO!
- Y ante el tribunal popular, ¿qué alegaban ustedes?
- Pues que eran familiares nuestros, hermanos, y que vivíamos de lo que ellos ganaban. Nos preguntaban: ¿Qué profesión tiene? Y al decirles que curas, pero que no habían cometido ningún delito, nos decían: ¿LES PARECE POCO DELITO SER CURA?
- No sospecharon nunca que erais religiosas?
- Cuando yo fui hubo uno que dijo: "Esta es monja".
- Y qué pasó?
- Nada, Se quedo así por la mano de Dios o por el corazón del Miliciano, siembre había en el tribunal alguno que era bueno. Por cierto que nos decían: "Dense prisa y saquen los que puedan." Y a veces desde la cárcel nos avisaban por teléfono.
- Cuantas religiosas intervinisteis en las gestiones?
- Veinte del convento y dos capuchinas que estaban con nosotras.
- ¿Ya cuantos sacerdotes salvaron la vida?
- De la cárcel salvamos trece. Y por el mismo  procedimiento sacamos del barco prisión a Don Rodrigo Bocanegra, párroco de un pueblo de la provincia de Sevilla.
- ¿Con que fundamento se ha dicho entonces que sor Pilar se hizo Miliciana?
- Porque el día que le tocó salir a ella se puso un correaje del hermano del acólito para ir mas caracterizada

( por la puerta entreabierta, del recibidor, veo una monja joven que sonríe. Debe ser sor Pilar.)

-¿Todas las gestiones vuestras tuvieron éxito?
-Desgraciadamente, NO. Después de conseguidas las tres firmas, el gobernador ordeno sacar de la cárcel a un Padre y tres hijos, de Motril y fueron asesinados.
- ¿Cuando comenzaron las gestiones?
- El 14 de septiembre. El primero que salio de la cárcel fue D. José Soto, director espiritual del seminario. Los otros salieron de septiembre a octubre. Y cuando los sacábamos de la cárcel los teniamos que esconder.
- ¿Hubo muchos registros?
- MUCHOS. Venían las patrullas de la FAI diciendo que se iban a llevar a la superiora por encubridora de sacerdotes.

Un día vinieron y sorprendieron a uno de los sacerdotes diciendo misa. Se dirigieron a él y le encañonaron con las pistolas. Yo les dije hagan el favor de esperar a que termina la misa y después hagan lo que quieran. Y me obedecieron. Y se marcharon antes que la misa terminase y dijeron a los que en la calle esperaban: "No hemos encontrado ni curas, ni armas"
- No fueron tan malos, Madre.....
- NO; los que se portaron peor fueron los del socorro rojo. Asesinaron al dueño de un chalet  que está aquí próximo, se apoderaron del edificio y se llevaron a los niños que teníamos . Nosotros nos quedamos quince días más, que aprovechamos para tabicar las imágenes y objetos religiosos. Y al irnos pusieron aquí un Hospital. Las niñas al principio lloraban. Luego se fueron acostumbrando  a la vida que tenían en el chalet. Una de las niñas denuncio que habíamos escondido a curas y tabicado los santos.
- Y ¡que ocurrió?
- Que vinieron furiosos con las pistolas en las manos. Pero intervinieron unos policías y acordaron dejarnos para la segunda vuelta.
- Y las niñas ¿donde están?
- Se las llevaron a Néjar. Allí pidieron que se fusilara a uno que había querido abusar de una de las mayores.

Y nada más. Sor asunción tuvo la bondad de presentarme luego a las religiosas del Convento y yo me dirigí a una diciéndole:
- Enhorabuena Sor Pilar.
-¡Ah! ¿me conoce Usted?
- Desde que llegue a Marbella.
Y las buenas hermanas se reían de todo corazón.

GIL GOMEZ BAJUELO
ABC Sevilla 21-2-1937






martes, 31 de diciembre de 2019

JUAN RIERA BARTRA (REQUETE CATALAN TANQUISTA)










JUAN RIERA BARTRA
Barcelona, 1913.
Requeté evadido de Barcelona. Conductor de tanques.


Nací en 1913, en el barrio de San Andrés de Palomar, en Barcelona. Fuimos diez hermanos, pero dos murieron de niños y otro hermano más siendo muy joven, así que solo quedamos siete. Éramos una familia era muy religiosa: mi hermano Ramón padecía una enfermedad rara que se llama atrofia muscular progresiva, y que en aquel momento no tenía curación. Todos los años iba de peregrinación a Lourdes acompañado de mis padres y de una hermana para pedir su curación, y el tercer año que iba, con 16 años, murió por camino. Unos días antes, mi madre le dijo: «mira Ramón, me parece que este año no podrás ir porque tienes fiebre y no te encuentras bien», pero él le contestó: «no mamá, tengo que ir que este año seguramente la Virgen me curará». Montó en el tren, y durante el camino, entre Narbona y Carcasona, murió mientras le auxiliaba un jesuita que viajaba en el mismo vagón, y quedó enterrado allí, en Lourdes.

La familia nos habíamos dedicado de siempre a los curtidos; mi abuelo ha había montado a principios de siglo una fábrica de curtidos en San Andrés, que luego tuvo que vender mi padre por una crisis. Sin embargo, al cabo de un tiempo tuvo una oportunidad y alquiló otra fábrica de curtidos con la que continuamos en la misma actividad.

Mi padre en principio no era de ningún partido político, pero tenía un pariente que era muy carlista y después de acompañarle varias veces a mítines, aquello le gustó y se hizo carlista. Era un hombre muy conocido en el barrio, Presidente del Carlismo allí, en San Andrés, y durante varios años fue concejal carlista en Barcelona. En aquellos años los carlistas íbamos juntos con la Lliga Regionalista de Cambó, y en la lista del grupo dejaban dos puestos para concejales carlistas.
Luego, durante la República, el ambiente se fue caldeando, y aunque en el barrio no hubo una persecución religiosa abierta, sí había dificultades. Recuerdo que en una de las elecciones acompañé a mi padre a votar y en el colegio encontramos a un grupo de monjas a los que unos señores de izquierdas no les dejaban votar: «las monjas pues no tienen derecho a votar», decían, y mi padre se les enfrentó: «¿no son mujeres?, pues entonces pueden votar como el resto». No se como acabó la cosa, pero había tensión en la calle.

Como carlistas, estábamos comprometidos con el Requeté de Barcelona, así que el 18 de julio, a la madrugada, nos dieron la orden de que los jóvenes nos concentráramos cerca de la plaza Universidad y los adultos acudieran a los cuarteles de San Andrés. Sin embargo, como yo iba con mi padre y un tío, y vivíamos allí, fuimos los tres al cuartel de San Andrés. Allí nos juntamos gente de Renovación Española y bastantes carlistas. Pasamos muchas horas allí en espera de noticias, sin hacer nada, hasta que pasó un avión y tiró una bomba contra el cuartel, aunque cayó fuera.



DON JOAN RIERA SEÑALADO EN PUNTA TARGA 481
CON SUS COMPAÑEROS DEL TERCIO DE MONTSERRAT



Entonces se decidió ya salir, y el capitán que debía conducirnos al interior de Barcelona, al arengarnos justo antes de salir, para contentar a la tropa, tuvo la idea de gritar “viva la República”, con lo que uno de nuestro grupo de requetés gritó al revés, “muera la República”. Los carlistas quedamos descontentos, dejaron los fusiles en el suelo y dijeron: «por eso nosotros no salimos. No hemos venido aquí a salvar la República». Vino entonces el coronel a intentar arreglar la situación, porque lo hicieron mal; sin hubieran empleado para arengarnos algo que nos contentara a todos, como “viva España”, se podía haber evitado.

A última hora de la tarde, el coronel nos comunicó la situación: «miren, el movimiento de momento está perdido, así que vayan de regreso a sus casas». Mi padre y yo fuimos andando a casa, mientras mi tío cogió andando la carretera porque tenía a la familia veraneando cerca de Barcelona.

Nosotros llegamos a casa, pero a mi tío, que por lo visto le debieron ver salir de los cuarteles, lo detuvieron a por la carretera y lo llevaron al ayuntamiento de Moncada, donde se junto con otros detenidos, entre ellos al jefe del Requeté de Barcelona. Al día siguiente, a la madrugada, se los llevaron en un coche a las afueras del pueblo, entre Moncada y Mollet, muy cerca de Barcelona, les dijeron bajar y les fusilaron junto a la carretera. A mi tío le pegaron un tiro en la cabeza y cayó muerto, pero el Jefe del Requeté de Barcelona tuvo más suerte: una bala le rozó, se tiró al suelo y lo dejaron por muerto. Luego él llegó andando hasta Tarrasa, su pueblo, y después de que le curaran pudo preparar el paso por los Pirineos a la España nacional.

La persecución a los carlistas en Cataluña fue implacable: los que no fueron asesinados acabaron encarcelados o tuvieron que pasar a Francia para salvar el cuello. El caso de Tomás Cailá, el jefe de los carlistas de Cataluña, fue especialmente cruel: lo asesinaron el la plaza de Valls, su pueblo, dejaron el cadáver allí expuesto y avisaron a su madre «para que fuera a buscar a su hijo».

Cuando mi padre y yo llegamos a casa, unos vecinos pasaron a avisarnos de que los milicianos iban a venir a por nosotros, para que nos marcháramos si no queríamos que nos llevaran detenidos. Salimos para Barcelona, a casa de una hermana donde pasamos varios días, hasta que nos dimos cuenta de que tampoco aquel era un lugar seguro. Pasamos entonces a la casa del contable de la fábrica, que tenía doble nacionalidad, francesa y española, con la idea de que quizá por eso estaríamos allí más protegidos.

Aprovechando que mi cuñado era médico y tenía un pase para poder entrar y salir de Barcelona, nos fue sacando de la ciudad de uno a uno, como si fuéramos sus ayudantes, para llevarnos a Moncada, el pueblo donde solíamos pasar el verano. Una vez allí, le salió un trabajo como médico en Santa Pau, cerca de Olot, así que nos trasladamos toda la familia allí. Era un pueblo tranquilo, pacífico y había algún carlista que nos ayudó. Además, para no levantar sospechas nos distribuimos en diferentes casas del pueblo.

Después de estar un mes escondidos en el pueblo, tanto yo como mis dos hermanos, decidimos cruzar a Francia para a zona nacional y poder combatir por nuestras ideas. Buscamos un guía de confianza, cogimos un coche de línea y nos bajamos cerca de la frontera; luego descendimos por una pendiente que conocía el guía ya en dirección a Francia. Por el camino encontramos a unos payeses que, extrañados, nos preguntaron: «¿dónde vais por aquí?», a lo que respondimos: «a cazar». Anduvimos hasta pasar la frontera, y el guía regreso. Una vez allí, nos hicieron un pase para poder ir a Perpinyà, donde nos habían informado que carlista había montado un punto de ayuda para los que nos pasábamos. Nos proporcionó billetes de tren a Irún y nos dio instrucciones.

Una vez que cruzamos a España por Irún los tres hermanos nos presentamos inmediatamente en la oficina de alistamiento de San Sebastián. Pedimos incorporarnos al Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, como la mayoría de catalanes, pero no fue posible: «lo sentimos, pero ya está cubierto», dijeron. Entonces, mi hermano Ignacio y yo, como teníamos carné de conducir, pedimos ir en taques de combate, mientras que Luis, al ser estudiante de Medicina, entró como sanitario en un batallón.

En cada compañía de nuestra unidad íbamos tres tanques Krupp y otro Maybach, en el que solía ir el capitán, y cada carro tenía una dotación de dos personas: el conductor y el tirador. Cada tanque estaba armado con un cañón o dos ametralladoras en la torreta giratoria, y nuestra función era ir siempre delante del batallón, hacer rutas antes de los ataques para descubrir si había mucha resistencia y a veces proteger a la infantería en los avances. En alguna ocasión oficiales alemanes nos dieron clases sobre cómo manejar los carros y nociones básicas sobre táctica de la guerra con tanques, pero como realmente se aprendía era andándolos.

El blindaje soportaba las balas, pero no las granadas de artillería. Recuerdo que en una ocasión impactó una granada encima de uno de los tanques de nuestra compañía, y la torreta saltó por los aires matando al tirador, un chico joven de Barcelona. Estalló la munición y el conductor también murió carbonizado; mi hermano y yo sacamos los cuerpos y los cubrimos con mantas. Luego los cargamos en una furgoneta camino de Zaragoza, donde debían tener parientes.

Sin embargo, lo más duro para nosotros era el calor. Allí dentro metidos, con el calor que desprendía el motor y el sol sobre la chapa, el ambiente se hacía insoportable.

Nos tocó operar en los frentes de Madrid, Toledo, Teruel y la parte del Ebro. En Teruel recuerdo que no lo pasamos tan mal como otros, porque el motor nos hacía de calefacción y con ese frío iba bien. Luego, a la noche, nos retirábamos a alguna casa y dormíamos entre la paja. A las afueras de Teruel tuvimos acciones fuertes; recuerdo un avance hacia las líneas rojas: crucé con el tanque la zanja de la trinchera de los rojos y entonces levantaron los brazos en señal de rendición.

La única vez que fui herido fue en Villalba de los Arcos, cerca de Gandesa. Aquellos días nos ordenaron apoyar al tercio de Montserrat, que sufrió cantidad de bajas, y como no había tanques operativos para todas las dotaciones nos turnábamos: un día salía yo con el tanque y al día siguiente mi hermano, y yo me quedaba en el pueblo de descanso. Estando en la entrada de una casa, cayó un obús de artillería, y me entró metralla en el pié. Una cosa de poca importancia, pero no me dejaba caminar. Me evacuaron a Zaragoza hasta que la metralla se movió de sitio y no me dio más molestias, tanto es así que todavía llevo aquella metralla en el pie.

También mis hermanos tuvieron suerte y terminaron bien la guerra, únicamente con pequeños sustos. A Ignacio, durante una ruta de inspección, le estalló cerca una bomba y le hizo una herida de poca importancia en la espalda.

Luis tuvo aún más suerte: una noche, mientras dormía con otros tres compañeros debajo de un árbol, comenzó de madrugada un ataque de la artillería roja; cayó una bomba matando a los otros tres, y el único que salvó la vida fue mi hermano.

De aquellos años tengo muchos recuerdo, incluso hice un pequeño librito de memorias sobre mi paso por los tanques. Todavía procuro asistir a todos los actos que organiza la Hermandad del Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, la unidad que mejor simboliza el espíritu y los motivos por los que combatimos muchos catalanes en aquella guerra, aunque la historia no se acuerde casi de nosotros.  YO SI ME ACUERDO QUERIDO JOAN y TAMBIEN DE AQUELLOS VIA CRUCIS TAN EMOCIOANTES EN "CUATRE CAMINS".



domingo, 29 de diciembre de 2019

EL ASESINO CAPITÁN BAYO SAQUEANDO Y MASACRANDO IBIZA "TERROR EN IBIZA"




EL ASESINO CAPITÁN BAYO SAQUEANDO Y MASACRANDO IBIZA 

"TERROR EN IBIZA"


18.09.2016 | 05:30

Acomodados ya en Cas Felius al escapar de la ciudad, en aquel trágico mes de agosto de 1936, se empezaron a avistar con cierta frecuencia aviones republicanos sobre la isla. Algunos arrojaban terroríficas proclamas, lo que derrumbaba nuestra moral infantil por imaginarnos sangrientos bombardeos y feroces combates que pudieran afectarnos. A nuestros mayores, sobre todo a mi abuela, lo que les preocupaba era que se trastocara el orden establecido. Octogenaria y tutora legal de nuestra hermandad huérfana, a su cuidado, le angustiaba que, como había ocurrido en la Rusia soviética, pudiera el Estado apropiarse de las tierras que teníamos, lo único con lo que podía sacar adelante a los cinco hermanos.

Temía, también, que pudiera llegar a ser realidad lo que a gritos propugnaban los anarquistas desde el balcón de la Casa del Pueblo, inmediata a nuestra vivienda en la ciudad: la tierra para quien la trabaje.


El capitán Uribarry, que se unió desde Valencia a la expedición "republicana" Anarco Marxista de Alberto Bayo a Ibiza, saluda a unas mujeres ibicencas bajo la escalera del muro de Ibiza. 

Igualmente le inquietaban los disparates que oía y leía sobre posibles reformas agrarias que iban mucho más lejos de la que había aprobado la República en septiembre de 1932, que era inaplicable en Ibiza. No solo porque aquí no se daban latifundios ni minifundios, oligarquía rural, ni proletariado campesino, sino porque la superficie mínima de las fincas legalmente expropiables era enormemente superior a la más grande de las ibicencas ya que, para que cupiera la expropiación, era preciso que un propietario tuviera entre 100 y 750 hectáreas de tierra, según el cultivo, en un solo municipio. Pero como que para muchos políticos o aspirantes a serlo –y más si son o quieren parecer revolucionarios–, donde no hay problemas hay que crearlos, también se predicaban aquí las disparatadas propuestas imposibles de aprendices anarquistas o comunistas. Difícilmente podían convencer a un campesinado de pequeños propietarios y mentalidad conservadora o a unos mayorales de buenas fincas que, en cierta forma, podían considerarse unos privilegiados.


Proclamas terroríficas
Las dos proclamas más terroríficas que se lanzaron sobre Ibiza lo fueron los días 7 y 8 cuando ya la columna de Bayo-Uribarry habia decidido la ocupación de la isla. Seguidamente, y para que no se pierda la memoria de las mismas, voy a incluir un extracto de la primera y la totalidad de la segunda.

«Guarnición de Ibiza. Pueblo de Ibiza. Sobre vosotros vuelan los aviones de bombardeo de la República.
Frente a vuestras costas esta dispuesta la escuadra republicana en línea de combate. De vosotros depende que comience, implacablemente, el castigo. Si una ceguera suicida os impide comprender vuestro error, reduciremos inexorable a escombros las casas que habitáis y arrasaremos vuestros campos en los que han fructificado la traición y el engaño. No queremos ruinas. No queremos sangre. Os estimamos como hermanos y como españoles y proletarios que sois. La República no es cruel, sino justiciera y humana. Rendíos ibicencos. Capitulad soldados. Os rendís no a la fuerza brutal, sino a la ley y al derecho, Capituláis no ante el enemigo, sino ante la República, ante la libertad, ante España (...) ¡Por vuestros hijos, por vuestros hogares, por vuestra Patria, por la República: rendíos! Si no izáis la bandera blanca, abriremos el fuego sobre la isla. Ibicencos: ¡Viva la República! Viva la Libertad!».
No era broma, el 7 de agosto la columna de Bayo-Uribarry desembarcó sin resistencia en Formentera. Su tarjeta de visita fue la de incendiar de entrada las tres iglesias de la isla. Por la tarde pensaban ocupar Ibiza a cuyo efecto los destructores ´Almirante Miranda´ y ´Almirante Antequera´ fondearon al mismo pie de las murallas, ya que los rebeldes no disponían de artillería, e intentaron parlamentar, pero al acercarse al puerto los parlamentarios, la ráfaga disuasoria de una ametralladora emplazada en el baluarte de Santa Tecla, disparada al parecer por error, hizo volver sobre sus pasos al bote que trasladaba a los parlamentarios. Inmediatamente, los dos destructores iniciaron un serio bombardeo sobre el castillo, secundado por los aviones que también lo bombardearon. Muchos de tales proyectiles pasaban por encima de su objetivo y caían por el centro de la isla. Nosotros, más que aterrorizados, nos refugiamos tras el enorme tronco de un algarrobo centenario que había en el huerto y, abrazados y llorosos, esperábamos rezando incoherentemente una muerte que creíamos inminente pues el silbido que dejaban los proyectiles al pasar por encima de nuestras cabezas era verdaderamente escalofriante. Los destructores se volvieron a Formentera para pasar la noche.
Irritado el capitán Bayo por la resistencia encontrada, se dirigió a las escuelas donde se hallaban detenidos lo presuntos fascistas y, sacando a un sacerdote, don Juan Torres Torres, y a un exmilitar, don Lucas Ramón Cardona, los hizo fusilar en la Savina y arrojar sus cadáveres al mar, en represalia por la resistencia hallada en Ibiza.



La segunda proclama era aún más espantosa que la primera, y recuerdo perfectamente que cuando la leí, después de ardua persecución por los campos, me eché a llorar de puro miedo y regresé rápidamente a casa para enseñarla. Decía así:
«Soldados Si dentro de una hora no habéis izado la bandera blanca y enviado un parlamentario a la Escuadra que se acerca, arrasaremos la isla con intenso bombardeo por mar y aire. El Gobierno de la República ha licenciado a todos sus soldados. No tenéis por qué obedecer a vuestros oficiales rebeldes; si no se rinden, matadlos; el Gobierno de la República os autoriza para todo. Avisamos a la oficialidad facciosa, que si suena un solo tiro contra estas fuerzas del Gobierno, fusilaremos a todos los jefes y oficiales sin excepción. ¡Viva la República! ¡Viva España republicana!».
Al leerla en casa el desánimo fue total. Hubo lloros y gimoteo. Se tradujo a los mayorales. Por las casas vecinas empezaron a verse banderas blancas. De acuerdo con los mayorales, se decidió ponerla también en la nuestra; se buscó un largo palo y con un trozo de sábana la pusimos acobardados. La izó Pep con maestría, atando el asta apocada a la recia chimenea.
Después de conquistada la Isla de Ibiza y Formentera por las fuerzas rebeldes de Mallorca, el comandante militar da cuenta al General Franco Jefe del Ejercito del Sur del resultado de la operación. la consabida táctica marxista.
Para conocimiento de toda España y de todos, se da a la publicidad el radiograma del comandante militar de Baleares al ser reconquistadas la tranquila y pacifica Isla de Ibiza por las tropas Nacionales:
De Baleares para Cáceres. Urgentísimo, numero 418. Recibido a las 5,30 h., 22 de septiembre de 1936. Comandante militar de Baleares a General Ejercito del Sur Franco:

"Reconquistada la isla de Ibiza en su totalidad por las tropas del ejercito, y las milicias de la Legión de Mallorca, Falange, Requetés y de Acción Popular y Renovación Española y Aviación, tengo el sentimiento de comunicarle la triste impresión que a todos nos produjo la desolación en que la sumieron las HORDAS comunistas y separatistas de la Generalitad de Cataluña y de Valencia. Al llegar nuestras tropas, la Capital había sido por completo abandonada; las gentes, atemorizadas a la vista de los crímenes cometidos por los rojos, huyeron al monte, donde pasaron hambre y privaciones. Profanaron las Iglesias; todas las casas de las gentes de orden, los bancos y establecimientos públicos fueron saqueados, robadas todas las joyas con que se adornaban las mujeres y algunas de ellas atropelladas. Solo el capitán Bayo se llevo mas de dos millones de pesetas, después de asesinar a los Jefes y Oficiales del Ejercito y clases de la Guardia Civil, así como paisanos, en numero de 20. Detuvieron a mas de 150 personas que hacinaron en el Castillo, privándolas de lo mas indispensable.

Basto la presencia de nuestra aviación , que averió algunas embarcaciones que tenían en el puerto los rojos, así como el temor de que efectuáramos un desembarco, para que estos, con un pánico tremendo, desembarcaran a toda prisa en Valencia, no sin antes cometer la vileza de cometer el ultimo saqueo de todas las viviendas, destrozando los muebles y ropas que no pudieron llevarse y con bombas de mano y ametralladoras asesinaron a todos los presos del castillo, excepto un cortísimo numero de ellos, que,  
en la desesperación, con los banquillos de las camas rompieron los barrotes de la prisión y se arrojaron por una ventana de 15 metros de altura, siendo recogidos heridos y muertos.

Estos asesinos, antes de partir, dijeron que infligían este castigo a Ibiza para vengarse de la derrota sufrida en Mallorca, donde tuvieron mas de dos mil bajas, y abandonaron todo el material. Triste y aleccionador contraste con lo que dijeron a su llegada, de que eran portadores de la cultura, de la civilización y de las libertades ciudadanas. Así es como procede esta horda de criminales. Esto convencerá al mundo de lo que encierra el Gobierno Legal de Madrid, y a que especie de criminalidad auxilian quienes ayudan directa o indirectamente  a dicho Gobierno.

ABC de Sevilla 23 de Septiembre del 1936


  

jueves, 26 de diciembre de 2019

REQUETES VOLUNTARIOS EN LA MARINA DE GUERRA REBELDE (HUNDIMIENTO DEL BALEARES)




REQUETES EN LA MARINA DE GUERRA
NACIONAL ANTIMARXISTA

Margaritas de Soller (Mallorca) con requetes voluntarios  VIZCAINOS del crucero Baleares hundido por la escuadra marxista










AGUSTINA SIMON (Fue fusilada por la chusma ROJA junto con los Requetés EN BELCHITE y enterrada con ellos en la misma fosa).





AGUSTINA SIMÓN 
"Margarita de la Tradición y Enfermera" 
NUESTRA HEROÍNA y SANTA
Batalla de Belchite

Fue fusilada junto con los Requetés y enterrada con ellos en la misma fosa.


"NO ME SEPARO DE MIS REQUETÉS"


¡NO QUIERO NADA CON LOS ENEMIGOS DE DIOS Y DE MI PATRIA!


AGUSTINA SIMÓN "Margarita de la Tradición" NUESTRA HEROÍNA Y SANTA

Heroína, émula de Agustina de Aragón, Aragonesa También, MARGARITA de Zaragoza, que estaba de enfermera en el Seminario de Belchite, convertido en Hospital, y que en la HEROICA defensa del mismo hicieron los Requetés Aragoneses del Tercio de los Almogávares fue hecha prisionera. Estaba vestida ya de forma andrajosa, como el resto de los defensores, de manera que nadie podía averiguar que pudiera ser mujer, pues sus ropas femeninas habían sido convertidas en ventajes para los heridos. Llevada en un camión con los prisioneros, que no habían querido rendirse sino reducidos a la fuerza, fue fusilada junto con los Requetés y enterrada con ellos en la misma fosa. Aseguran que el enemigo le ofreció la vida a cambio de sus servicios como enfermera, pero ella rechazó la oferta diciendo. "NO ME SEPARO DE MIS REQUETÉS". No quiero nada con los enemigos de Dios y de mi Patria.

La Margarita de la Tradición Agustina Simón tuvo ocasión de volver a su casa, pero despreciando el porvenir que su juventud le ofrecía, se quedó firme en el puesto de peligro, inmolándose en el altar de sus inmortales creencias, pero fue fusilada ¿NO SE QUE MAL HUBIERA PODIDO HACER UNA ENFERMERA?, con sus Requetés.  En el momento del fusilamiento por las tropas ROJAS extranjeras fue ella quien grito 

¡VIVA ESPAÑA Y VIVA CRISTO REY!.

AGUSTINA SIMÓN TU SERÁS SANTA Y VIVIRÁS PARA SIEMPRE EN LOS ALTARES DE ARAGÓN Y ESPAÑA


miércoles, 25 de diciembre de 2019

NO PASARAN DECÍAN LOS MARXISTAS ¡YA HEMOS PASAO GRITAMOS LOS REBELDES!






¡NO PASARAN
GRITABAN LOS MARXISTAS!




¡YA HEMOS PASAO DECIMOS LOS FACCIOSOS!
¡YA HEMOS PASAO GRITAMOS LOS REBELDES!
¡YA HEMOS PASAO Y ESTAMOS FRENTE AL PRAO!



Fuente: http://www.fnff.es
¿Pero que ejercito se enfrenta entre si a guerra abierta y con miles de muertos desde el comienzo de la CONTIENDA? PUES SIMPLEMENTE UN EJERCITO DE JEFECILLOS VARIADOS Y ENFRENTADOS ENTRE SI Y LLENOS DE ODIO LOS UNOS A LOS OTROS.

El 28 de marzo de 1939 fue liberado Madrid. Horas y hasta días antes, el frente no tenía actividad alguna: los soldados del frente popular salían de sus trincheras con banderas blancas y confraternizaban con los Nacionales. Sus jefes les ordenaban, pistola en mano, que volviesen a sus posiciones, pero nadie les hacía caso. Se cambiaban tabaco y papel de fumar, cantaban y daban vivas a España.


Un día antes del citado 28 de marzo, las tropas rojas con sus jefes a la cabeza se habían entregado al General Eugenio Espinosa de los Monteros y Bermejillo, que con las tropas de los Coroneles Eduardo Losas, Joaquín Ríos Capapé y Caso cercaban Madrid, pero no entraron hasta el día 28. Fue el Coronel republicano Adolfo Prada Vaquero quien rinde Madrid al Coronel Eduardo Losas, jefe de la 16ª División entre las ruinas del Clínico.
Los falangistas de la 5ª Columna sobrevivientes a la masacre realizada en la capital de España por los rojos, se hicieron con la ciudad. Montados en camiones y agitando Banderas Nacionales, Banderas de Falange y también del Requeté recorrían las calles gritando “¡Franco, Franco, Franco! ¡Arriba España!”. En poco tiempo, otros grupos de jóvenes, la mayoría refugiados en embajadas, se unieron a los falangistas y ocuparon los centros más importantes, como el Cuartel General del Coronel Casado, los talleres de prensa, los transportes urbanos, el Ministerio de Marina (que ya sabemos que era una prisión repleta de nacionales), el Ministerio de la Guerra, las emisoras de radio, los depósitos de armas, el Palacio de Comunicaciones, etc. Los grupos de patriotas aumentaron poco a poco hasta convertirse en una multitudinaria manifestación.
Los milicianos y milicianas abandonaron las armas y huyeron a esconderse en masa. Los balcones y ventanas se llenaron de Banderas Nacionales y de la Falange, confeccionadas en la clandestinidad por las bravas mujeres de la Sección Femenina.
Es de justicia resaltar a las mujeres de “Auxilio Azul”, organización creada por María Paz Martínez Unciti, a la que asesinaron con tan sólo 18 años, cuando acompañaba a un perseguido a la Embajada de Finlandia. Los mataron a los dos. Su hermana Carina continuó su labor. “Auxilio Azul” era una organización falangista compuesta por mujeres de todas las clases sociales, que socorría a los perseguidos desde antes de la Cruzada, pues ya habían sido encarcelados cientos de falangistas. Ellas falsificaban cartillas de abastecimiento; cédulas personales en blanco; documentos falsos de partidos, sindicatos, etc.; certificados con sus sellos y firmas correspondientes; oficios legalizados perfectamente y en blanco del Cuartel General de Carabineros… y en los Servicios de Investigación Militar lograron colocar a dos militantes falangistas, una en los ficheros y otra en la oficina de detenciones. Llegaron a ser 6.000. Y fueron ellas las que a lo largo de los meses de guerra confeccionaron más de 10.000 banderas que fueron las que se pudieron colgar en las ventanas y balcones el 28 de marzo, cuando Madrid fue liberado entre el entusiasmo y la alegría de sus habitantes. “Auxilio Azul” hasta tenía organizados Servicios Sanitarios, un laboratorio farmacéutico y asistencia espiritual, con varios Sacerdotes. Existe un libro fundamental de Tomás Borrás, titulado Seis mil mujeres, donde se cuentan todos los pormenores referentes a esta formidable Organización.
Una gran multitud de personas agitando banderas avanzaba por la calle de Argüelles y por la de Abascal para encontrarse por el camino con las Fuerzas Nacionales. Joaquín Ríos Capapé entró con la Bandera de Marruecos por Vallecas, hacia la Plaza de Manuel Becerra. El Coronel Caso por el camino de Usera para llegar a los barrios de Toledo, Delicias, Santa María de la Cabeza y las Rondas. Eduardo Losas lo hizo, por su parte, por la Ciudad Universitaria. Fue el paroxismo. Madrid se volvió loco de alegría… Se acababa el hambre, el frío, el miedo, la miseria, el terror rojo…
El falsario y manipulador Paul Preston, en su libelo Franco, Caudillo de España, miente así: “El 27 de marzo los nacionales entraron en Madrid en medio de un silencio fantasmal”. Dicho libelo, se vendió mucho, pero fue a franquistas y personas decentes, que ante el gran título y la bonita portada, no sabían que estaban dándoles gato por liebre; fue mercancía de contrabando. Es la típica utilización de la mentira, que es de lo que saben vivir estos desvergonzados. Así han actuado siempre: tergiversando y enfangándolo todo.
Hay que decir que a finales de febrero, Negrín, que había huido a París al producirse el hundimiento del frente de Cataluña, regresó a España junto a dos ministros de su gobierno, José Giral Pereira y Francisco Méndez Aspe, y con ellos algunos mandos del ejército rojo, casi todos del Partido Comunista, entre ellos Enrique Líster Forján, que originariamente se llamaba Jesús Liste Forján. Pretendían continuar la resistencia, ya que esperaban la llegada de armamento y ayuda soviética a cambio de los cuadros del Museo del Prado depositados en Ginebra. El subjefe de la Región Centro, militar de profesión, aunque masón, Segismundo Casado, convencido de que la guerra la tenía perdida, y para evitar más derramamiento de sangre, inicia los contactos para la rendición. La noticia llega a oídos de Negrín, que convoca en Albacete una reunión de jefes militares para convencerlos de la conveniencia de continuar la contienda, lo que era la tesis comunista, refiriéndose a la inminente guerra mundial que les favorecería.
Segismundo Casado, el general José Miaja Menant y Julián Besteiro Fernández, entre otros, no estaban de acuerdo y organizaron un “Consejo Nacional de Defensa” para oponerse al gobierno de Negrín. Respondió éste nombrando a Miaja Inspector General del Ejército Rojo, cargo nominal, pues el verdadero mando operativo se lo encargó a Juan Modesto Guilloto, al que nombró General, y también a Líster, Valentín González y González El Campesino y a otros comunistas.
El 17 de marzo de 1.939, mientras inician negociaciones con el Cuartel General del Generalísimo Francisco Franco, Miaja y Casado advierten avergonzados, (¡tres años después!), que llevan en el uniforme la estrella rusa comunista roja de cinco puntas. Mediante un decreto firmado por los dos la suprimen de los uniformes y prendas de cabeza.
Las tropas comunistas del 1er Cuerpo de Ejército de Negrín, al mando del Teniente Coronel Luis Barceló Jover, entran en Madrid y ocupan las Plazas de Manuel Becerra y la Puerta de Alcalá, no sin tener duros enfrentamientos y de fusilar a seguidores del Coronel Casado. En el Ministerio de la Guerra, hacen prisioneros a algunos jefes y oficiales de Casado y, sin formarles juicio, también los fusilan. Ya se creían dueños de la situación y se aprestaban a asaltar el Banco de España, en cuyos sótanos se encontraban los hombres fuertes y el propio Segismundo Casado, cuando desde Guadalajara se presenta en Madrid, al frente de una gran columna, el anarquista Cipriano Mera Sanz, al que se le une una gran parte del ejército republicano procedente de Levante y de Extremadura.
Los comunistas de Negrín pierden la pequeña guerra civil dentro del bando rojo y se tienen que retirar. El coronel Casado, por su parte, ordenó fusilar a todos los prisioneros, incluido el teniente coronel Barceló. Aquí comenzaron las negociaciones para la rendición. Tomada Madrid por las tropas nacionales, la huida de millares de soldados y milicianos rojos en total desorden fue desesperada. Unos tomaron dirección hacia Albacete, otros hacia Alicante y Almería. Las autoridades rojas de esos puertos de mar amenazaron a los barcos allí fondeados con cañonearlos si no abandonaban inmediatamente los citados puertos. Intentaban impedir que subieran a los barcos los huidos. Apenas pudieron hacerlo algunos afortunados. Fue vergonzoso, ni siquiera con los suyos tuvieron piedad. La maldad más brutal, el egoísmo y la soberbia eran los que mandaban.
Conquistada Madrid, los Ejércitos Nacionales avanzaron por los alrededores de la capital y se dirigieron hacia Aranjuez, Buitrago, Cuenca, Albacete y el Ejército del Sur por Granada y Cartagena. En esta última ciudad, cerca de mil hombres, náufragos y supervivientes del barco Castillo de Olite, se hicieron con el control de Cartagena. Mientras, otra parte del Ejército libera Sagunto, Segorbe, Córdoba, Jaén, Baeza, Úbeda, Jódar, Guadix, Baza… y desde Baza se envía un destacamento en ayuda de los Marinos de Almería. Antes de ser liberada, Almería se pone “A las órdenes de Franco”. Y el Ejército es recibido como liberador. Pero en sus muelles los últimos combatientes rojos organizados, una División con todo su armamento, se agolpan queriendo huir.
El general Antonio Aranda Mata entra triunfante en Valencia; el general José Enrique Varela Iglesias ocupa Requena, y el general José Moscardó Ituarte hace lo propio en Minglanilla y Contreras.
El día 1 de abril de 1939, a primera hora de la tarde, Franco firma su único Parte Oficial de Guerra, el último: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las Tropas Nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Burgos 1º de abril de 1.939. Año de la Victoria. El Generalísimo Franco”.